
El reciente movimiento alcista del EURUSD responde principalmente a un cambio en el régimen de mercado: desde una dinámica dominada por flujos hacia activos refugio hacia un entorno más sensible a expectativas geopolíticas y monetarias.
Las señales de posibles negociaciones entre Estados Unidos e Irán han reducido la prima de riesgo asociada al dólar, particularmente tras el impacto inicial del conflicto en Medio Oriente. Este ajuste ha favorecido un rebalanceo de posiciones, luego de un período donde el mercado estaba fuertemente inclinado hacia la moneda estadounidense.
El canal energético fue clave en la debilidad previa del euro. La exposición estructural de la eurozona a importaciones energéticas amplificó el impacto del riesgo sobre el Estrecho de Ormuz. A medida que ese riesgo se modera, también lo hace la presión relativa sobre la moneda común.

Pese al rebote, el trasfondo macroeconómico europeo sigue siendo un factor restrictivo. El encarecimiento energético ha empujado a la economía hacia un escenario intermedio entre crecimiento débil e inflación persistente, generando un entorno complejo para la política monetaria.
Las proyecciones más recientes apuntan a una desaceleración del crecimiento hacia 2026, en un contexto donde la competitividad externa se ve erosionada, especialmente ante una apreciación del tipo de cambio. Este entorno refuerza la fragilidad estructural del euro.
Al mismo tiempo, las divergencias internas dentro de la eurozona continúan siendo relevantes. Alemania enfrenta revisiones a la baja en crecimiento, mientras que economías como Francia e Italia lidian con restricciones fiscales y desafíos políticos, elevando el riesgo de fragmentación.
El Banco Central Europeo enfrenta una disyuntiva compleja: presiones inflacionarias derivadas de la energía frente a un crecimiento debilitado. Este equilibrio ha llevado a un enfoque dependiente de datos, reduciendo la visibilidad sobre la trayectoria de tasas.
El mercado ha internalizado una menor cantidad de alzas respecto a escenarios previos, lo que limita el soporte monetario para el euro. En ausencia de una señal más contundente, la moneda carece de un catalizador estructural que respalde una tendencia alcista sostenida.

Desde el punto de vista técnico, el EUR/USD transita desde una fase lateral hacia un impulso alcista de corto plazo, testeando la resistencia en 1.1813, nivel que históricamente ha actuado como techo.
La estructura sigue contenida dentro de un rango amplio entre 1.1400 y 1.1813, aunque el reciente rebote desde soporte refleja una mayor presión compradora.
Un quiebre confirmado sobre 1.1813 podría habilitar extensiones hacia 1.1940 y 1.2070. En contraste, un rechazo en esa zona mantendría la dinámica lateral, con retrocesos hacia 1.1720 o 1.1660 como áreas de interés.

El avance del EUR/USD debe interpretarse como una compresión de riesgos extremos más que como un cambio estructural de tendencia. La moderación geopolítica y el ajuste de posicionamiento explican el movimiento, pero los fundamentos subyacentes siguen siendo frágiles.
Mientras el equilibrio entre inflación energética, crecimiento débil y política monetaria incierta persista, el euro continuará expuesto a una dinámica dependiente de factores externos, con limitada capacidad de sostener avances prolongados sin un catalizador adicional claro.
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